En NO corras, programa de 107.5 Radio Universidad, Diego Sztulwark, filósofo y analista, analizó la reunión que el Presidente mantuvo con los gobernadores, la carta de Cristina Fernández y cómo quedaron las alianzas políticas a una semana de las elecciones.
Sobre la influencia de Estados Unidos, indicó que “el trumpismo es una intento de corto plazo de reconfigurar los escenarios en Medio Oriente y Latinoamérica a partir de la incertidumbre internacional que se traduce en una serie de pactos que derivaron en guerras que hacen al mundo un lugar más inestable y no dirigido por una sola potencia, abierta a un cambio de hegemonía, por lo que el derecho internacional ya no tiene garantes ni rige conductas”.
Sobre si las categorías de análisis vigentes sirven para explicar el fenómeno, Sztulwark manifestó: “Las categorías, si se las toma rígidamente, suponen que el mundo está ordenado y que a un fragmento del mundo le corresponde una categoría. Es una manera muy teológica de pensar. Hay que pensar que el mundo no está ordenado, y está tomado por dinámicas complejas, contradictorias y caóticas por lo que no tenemos una etiqueta mental para definir el mundo. Hay una tradición colonial de traer los pensadores de la metrópoli y esto quita plasticidad mental. Los libros deben leerse de manera creativa. Porque la realidad nos está tomando un examen muy exigente. Uno tiene que empezar por decir yo no sé y conversar con otros para producir imágenes que se acerquen a lo que es”.
“Hay un nuevo tipo de toma de decisiones en el país que empieza por una energía política, militar y financiera que es el trumpismo, que luego pasa por parte del gabinete del Presidente, después pasa a la consulta con los gobernadores y luego llega al Congreso. Esto para mí es una novedad. Porque el Presidente que conocimos es quien decía que los políticos eran todos una casta. Ya no denuncia para captar atención, sino que está en un intento de crear un programa político”, agregó.
“La energía del trumpismo está actuando en toda América Latina, no sólo sobre Argentina y Medio Oriente”, dijo Sztulwark. “Hace falta un dirigente que salve al país del hundimiento moral espantoso en el que ya está. Hay que intentar que la riqueza del país sea parlante, que se active la imaginación, que se escuche a los jóvenes”, afirmó. “Hay nuevas manifestaciones sociales y prácticas que deben ser disputadas a la ultraderecha”, sostuvo. Y añadió que en este escenario, “no noto que los dirigentes estén abiertos a hablar con la comunidad”. “Pareciera que somos parte de una generación perpleja que no entiende bien qué está pasando”, finalizó.
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