En La Plata, el calor no se reparte igual. Mientras algunas zonas disfrutan de la sombra de los árboles y el aire fresco del verde, otras arden bajo el cemento, el asfalto y los edificios que no dejan respirar.
En el programa emitido por UNLP.TV, Objetivo Universidad, conducido por Belén Bolpe, se abordó un fenómeno que nos atraviesa sin que siempre lo notemos: las islas de calor urbano. Un problema ambiental que crece con el avance de la ciudad y que puede elevar hasta 10 grados más la temperatura en comparación con las zonas rurales.
Las investigadoras María Inés Botana y Andrea Pérez Ballari, del Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IDIHCS – UNLP – CONICET), analizan imágenes satelitales y mapas de vegetación para entender cómo se distribuye el calor en la ciudad. Los resultados son claros: donde hay verde, hay alivio; donde hay cemento, hay calor.
La calle 138 aparece como una frontera invisible: hacia el norte, los barrios de Gonnet, City Bell y Villa Elisa concentran más cemento y más calor; hacia el sur, las quintas y los espacios abiertos bajan la temperatura. Pero detrás de los números hay algo más profundo: una advertencia sobre el modelo de ciudad que estamos construyendo.
El fenómeno de isla de calor no solo afecta al ambiente: impacta en la salud, el consumo energético y la calidad de vida de quienes habitan la ciudad. El aumento de las temperaturas agrava enfermedades, genera estrés térmico y exige repensar la planificación urbana con criterios de sustentabilidad.
Frente a esto, las investigadoras proponen integrar el conocimiento científico en las políticas públicas, sumar vegetación en zonas densamente edificadas y promover una relación más equilibrada entre el entorno urbano y el natural.
Porque entender el clima de la ciudad también es una forma de cuidarnos entre todos.
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