Violencia estética: la importancia de desnaturalizar el mandato de belleza patriarcal. Datos del libro “Bellas para morir” de Esther Pineda exponen su impacto en mujeres y diversidades. En esta entrega, Fernanda Cotella junto a Sabrina Carrasco y Mario Arteca analizan, en No somos candidatos de AM Radio Universidad, sus implicancias en estos tiempos.
La violencia estética es una práctica antigua, frecuente y naturalizada hacia mujeres y diversidades. El deber ser bella y joven para triunfar en la vida pública es incuestionable. ¿Qué rockstar mujer, fea y anciana conocés? ¿Deben los varones ser lindos y jóvenes para triunfar? ¿Cómo se perciben las canas y la panza en ellos?
En el libro Bellas para morir, la investigadora Esther Pineda afirma que la belleza es sexuada y sexista, los cánones y estereotipos de belleza fueron creados por los hombres, para el disfrute y el beneficio de ellos. De esta manera, las mujeres asumen la belleza como un mandato, una exigencia, y compiten por ser elegidas. Así se da la “enemistad entre mujeres, un enfrentamiento misógino entre mujeres que constituye la enemistad patriarcal” (Marcela Lagarde y de los Ríos).
En nuestra sociedad existe un profundo rechazo a la vejez, se trata de un miedo irracional e injustificable a mostrar signos del paso del tiempo en el cuerpo. Las personas asociamos la vejez al cansancio, a la carencia, a la enfermedad, a la fealdad. Juventud y belleza, un combo que vende felicidad en productos y servicios a cuerpos feminizados en redes sociales, un combo que sólo garantiza el sufrimiento y la exclusión, un combo del que casi nadie escapa y muy poca gente cuestiona.
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