Cientos de fanáticos se reunieron en el centro platense para despedir al músico que marcó a generaciones enteras. Entre canciones, banderas y recuerdos, la comunidad ricotera convirtió el homenaje en una escena colectiva que volvió a poner en primer plano el lugar que ocupa el Indio Solari en la cultura popular argentina.
La Plata vivió una despedida singular. El 5 de junio, cuando comenzaba a caer la tarde, la esquina de 7 y 50 se transformó en punto de encuentro para quienes decidieron homenajear a Carlos Alberto Solari, una figura que, a través de su música, excedió el escenario para convertirse en referencia cultural y emocional para miles de personas. En ese marco, las Corresponsalías Barriales de la Prosecretaría de Medios y Publicaciones recorrieron el centro platense, colmado de banderas, canciones y recuerdos.
A la convocatoria espontánea llegaron personas de distintos puntos del Gran La Plata. Entre abrazos, remeras históricas y temas coreados en conjunto, aparecieron relatos que explican un vínculo que para muchos va mucho más allá de la música. “El Indio fue el barrio, la calle, tus amigos, tu primera novia, la rebeldía hacia tus padres”, resumió uno de los asistentes.
En los testimonios se repitió una idea: el sentimiento de pertenencia construido alrededor de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Como expresó otro fanático, “todas las bandas tienen un pedacito de Patricio Rey”.
La relación entre La Plata y el universo ricotero tiene una historia propia. La ciudad fue escenario de algunos de los primeros recitales de la banda durante la década del setenta, entre ellos las recordadas presentaciones en el Teatro Lozano, conocidas posteriormente como los “lozanazos”. En un contexto atravesado por la censura y la represión estatal, esos encuentros se consolidaron como espacios de expresión cultural alternativa y construcción colectiva.
Con el paso de los años y lejos de los circuitos tradicionales de difusión, la banda creció sostenida por el boca a boca y una relación singular con su público. En ese recorrido, Solari terminó por convertirse en una figura que condensó mucho más que canciones: una estética, una manera de habitar la cultura popular y una forma de construir comunidad.
La nostalgia atravesó la noche platense. Entre quienes participaron del homenaje aparecieron recuerdos personales, primeras escuchas, amistades y recitales compartidos. “Los Redondos fueron una banda que siempre tuve en mi mesita de luz”, recordó uno de los entrevistados.
A casi cinco décadas del surgimiento de una identidad cultural que encontró en La Plata uno de sus escenarios fundacionales, la concentración en 7 y 50 dejó una imagen que excede el homenaje: una comunidad que volvió a reunirse para reconocerse en una historia común.
Porque si algo dejó en evidencia esa noche es que el legado del Indio continúa circulando menos como una figura individual que como una experiencia colectiva: una forma de encuentro que todavía encuentra en la música un lenguaje para compartir la memoria, el afecto y aquello que todavía interpela del presente.

Por Iara Amiconi (estudiante de la FPyCS-UNLP e integrante del proyecto de extensión universitaria Corresponsalías Barriales).







